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Uruguay

Uruguay, Montevideo

Cátedra UNESCO de Comunicación Social
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Sr. Eduardo Rebollo
Universidad Católica de Uruguay
erebollo@ucu.edu.uy

 

COMUNICACIÓN PARA LA INTEGRACIÓN
Facultad de Ciencias Humanas
Departamento de Comunicación Social


Actividades noviembre 2006

Presentación del libro “La Paloma: Una sociedad en busca de sí misma”

Investigación del Instituto de Estudios del Desarrollo Regional y Local (IDEL).

Autores: José Arocena, Javier Marsiglia, Diego Capandeguy y Eduardo Rebollo.

Premios Morosoli

Como en años anteriores, la Cátedra UNESCO en Comunicación de la Universidad Católica del Uruguay auspiciará y apoyará la realización de la ceremonia de entrega de “Premios Morosoli a la Cultura uruguaya” a realizarse el próximo mes de noviembre (fecha a confirmar).

Este certamen, se realiza todos los años en la ciudad de Minas - "Ciudad cultural de las sierras" -, y el objetivo es premiar a las personas más destacadas del año tanto en medios de comunicación como en actividades culturales. Cuenta con la presencia de ministros, representantes nacionales, exponentes de las más diversas expresiones culturales y autoridades de las universidades uruguayas.

Con este apoyo, la Cátedra UNESCO se hace presente en un evento nacional donde la comunicación social ocupa con legitimidad y reconocimiento un espacio muy visible como forma de expresión de la cultura.

El pasado 25 de mayo se realizó la primera actividad del 2006 organizada por la Cátedra UNESCO de Comunicación de la Universidad Católica del Uruguay.
La misma se trató de un Ateneo sobre “Teoría de redes y Teorías de la Comunicación” dictado por el Profesor y Contador José Luis Plottier. La participación activa del público presente promovió la reflexión y el intercambio de ideas sobre este tema.

Teoría de redes y las “Teorías de la comunicación”

Introducción

El problema que me propongo abordar en estas notas está a mi juicio ligado a tres aspectos:
• El contenido de las materias denominadas “Teorías de la Comunicación”
• Los cambios tecnológicos que está sufriendo la industria de las comunicaciones .
• La necesidad de utilizar la matemática (o más precisamente, una rama de ésta: la teoría de grafos) como instrumento para ayudarnos a entender dichos cambios.

Dicen los juristas que a confesión de parte, relevo de prueba. Me apresuro entonces a confesar que disto de ser un experto en teorías de la comunicación. Y como agravante: tampoco soy un especialista en teoría de grafos. Por consiguiente, esto que aquí escribo no es el dictamen de una autoridad en estas materias, sino meras reflexiones fruto de las dificultades que sufre un profesor enfrentado a un problema pedagógico que siente que no puede resolver apropiadamente.

Estas notas están organizadas de acuerdo a los siguientes capítulos:
• Una experiencia y las premisas de base.
• El ocaso de la comunicación de masas.
• “¡Es la topología, estúpido!”
• La comunicación y sus “axiomas”: agregando uno.
• ¿De qué pozo es este sapo?: el problema de las “dos culturas”.
• La explicación de una ausencia.
• Terminando sin conclusiones.


Una experiencia y las premisas de base

Para intentar explicar mis problemas como docente en relación a la matemática y los alumnos de Comunicación Social, reproduzco a continuación parte del informe correspondiente al año 2005 de la materia a mi cargo (Tendencias Contemporáneas de la Comunicación):

“… ya que el problema que se plantea con la introducción de algunos conceptos matemáticos, por más que se haga en forma cuidadosa, no es menor.
Pero por otro, estoy más convencido que antes de que estos temas no pueden soslayarse en la formación de nuestros alumnos. Tenemos alumnos de formación humanística que, en su gran mayoría, no solo tienen esa escasa formación matemática a que hacía referencia más arriba, sino que además, y esto es lo más grave, han desarrollado una especie de fobia a la matemática. Esto se nota claramente en las clases: la reacción negativa de los alumnos es fuerte (más allá de algunas excepciones), y en buena medida reduce su capacidad para comprender los problemas que se plantean. Tienen la capacidad, pero su actitud la disminuye notoriamente. Aparece un cuerpo extraño (la matemática) y se generan los anticuerpos para rechazarlo. En las clases uno percibe entonces que debe “remar contra la corriente”, lo que dificulta el desarrollo de los temas, y disminuye el aprovechamiento por parte de los alumnos. Estamos en un escenario en el que, simplificando algo las cosas, un profesor impone una temática que los alumnos perciben como totalmente ajena a lo que ha sido su formación, pero que no tienen más remedio que digerir (algo atragantados) contra su voluntad. Y la justificación que se hace en clase de la inclusión de estos temas en el programa del curso es racionalmente aceptada, pero casi visceralmente rechazada. El prejuicio hacia la matemática puede más que el juicio.”

Creo que el problema detectado va en buena medida más allá de la materia que dicto, de aquí mi referencia inicial a las “Teorías de la Comunicación” .
Comienzo por esbozar las premisas en que se apoyan las ideas que voy a expresar en estas notas:

• Como primer premisa, y quizás no tengamos mayores dificultades en coincidir al respecto, digamos que las tecnologías de comunicación están sufriendo desde hace unos quince años cambios de primera magnitud, a caballo de los fenómenos de la digitalización e Internet.

• Esos cambios tecnológicos están introduciendo una mayor complejidad en la industria de las comunicaciones . Consecuentemente han aumentado las dificultades que enfrentamos para describir y explicar los fenómenos que la afectan. Y en particular, se hace más difícil separar los epifenómenos - cambios en la superficie – de los cambios estructurales, profundos, transformadores de la naturaleza de la industria, llamados a afectar incluso las relaciones de poder que se verifican en ella.

• Quizás también coincidamos en que, en el transcurso de sus estudios, los alumnos deben ser dotados de los instrumentos conceptuales más apropiados para entender mejor esa realidad a la que estamos haciendo referencia. Esto parece ser un requisito indispensable para que puedan tener un buen desarrollo profesional en el mundo en que les tocará vivir. Esta aseveración se apoya en el dictum atribuido generalmente a Albert Einstein, y con el que concuerdo: no hay nada tan práctico como una buena teoría.

• Hagámonos entonces una pregunta que me parece relevante: en términos de las herramientas teóricas que les suministramos a nuestros alumnos, ¿los estamos preparando de la mejor manera posible para que se desempeñen con éxito en la profesión que eligieron?

 

Obviamente, una respuesta fácil es decir que no, que tenemos mucho para mejorar. Pero esto es demasiado general, aplicable a casi cualquier emprendimiento humano más o menos complejo. Me propongo aquí precisar esta respuesta negativa (a la que adhiero), e identificar un aspecto concreto en el que creo que debemos mejorar. Acepto desde ya que no es el único, y que probablemente no sea ni siquiera el más importante, pero creo firmemente que es insoslayable si pretendemos alcanzar niveles de excelencia académica. Ese aspecto concreto tiene que ver con el estudio de la topología de las redes de comunicación, tema comprendido dentro de una disciplina que es la teoría de redes.Abogar a favor de esto me lleva a tratar de discernir cual es la esencia, la naturaleza profunda de los cambios que estamos presenciando en materia de tecnologías de la comunicación, su incidencia en la configuración de la industria, los instrumentos teóricos necesarios para analizarlos, y las dificultades concretas que todo esto plantea en nuestra carrera.El ocaso de la comunicación de masas Para decirlo brevemente (y a riesgo de sobresimplificar): la historia moderna de las comunicaciones humanas, mirada desde el ángulo de las tecnologías y el entramado de actividades que se desarrollan alrededor de ellas, está dominada por la llamada comunicación de masas (o, si se quiere, “broadcasting”). Desde la aparición de la imprenta para acá, la industria de las comunicaciones se ha desarrollado bajo un modelo que, bastante apropiadamente, podríamos denominar “fordista”: un mismo producto, estandarizado (llámese libro, revista, programa radial, película cinematográfica, programa televisivo, CD, etc.) llega a los consumidores en los momentos y ámbitos geográficos que una entidad central dispone o determina, mediante canales que en general ella misma, directa o indirectamente, controla . Dicho de otra manera, el modelo dominante es fuertemente centralizado y jerárquico, tanto desde el punto de vista de los contenidos como de la distribución. Estas son algunas de las características más importantes de los medios tradicionales, llamados “mainstream media” en la literatura anglosajona . Con la difusión de Internet, donde no hay centros ni jerarquías , el modelo de los medios tradicionales parece retroceder, declinar. Con esto no estoy diciendo que vaya a desaparecer, sino que su dominio comienza a ser amenazado, puesto en entredicho. Internet avanza, y los medios tradicionales retroceden, aunque no sin presentar lucha. Una de las primeras batallas de esta “guerra”, y sin duda la más ruidosa hasta ahora, se libra en el campo de la industria discográfica. Otra, más discreta, en el campo de la prensa, para mencionar dos casos. No es fácil pronosticar el desenlace de estas batallas , pero por debajo de ellas se está verificando un cambio sustancial, de naturaleza profunda, en la industria de las comunicaciones. Intentemos identificarlo, más allá de los epifenómenos que lo recubren. Los sacudones que están recibiendo los medios tradicionales son un reflejo de él.“¡Es la topología, estúpido!” Cuentan que durante la campaña electoral de 1992 en los EEUU, las encuestas daban que George Bush (padre) iba casi seguramente a conseguir su reelección. En el cuartel general de Clinton, sus asesores buscaban desesperadamente cambiar la situación, tratando de encontrar un tema central para la campaña, un punto neurálgico, que les confiriese ventaja sobre Bush. Uno de ellos, James Carville, supo encontrarlo, y lo sintetizó en la fórmula: “¡Es la economía, estúpido!” Un cartel con esta expresión acompañó a Clinton todo el resto de su campaña, para recordarle permanentemente cuál debía se el tema central de sus discursos. La historia nos dice que Carville estuvo acertado. Procediendo de manera análoga al asesor de Clinton, si queremos identificar cuál es el aspecto neurálgico dentro de todos los cambios que estamos observando en la industria de las comunicaciones, apuntemos a la topología, haciéndola uno de los temas centrales de nuestro discurso teórico. Veamos qué hay detrás de esa palabrita . Partamos de un ejemplo concreto. En el mundo ya se está difundiendo la televisión digital de alta definición (HDTV), y en nuestro país se la anuncia para un futuro cercano (esa expresión algo ominosa de “apagón analógico” tiene que ver con esto). El pasaje de la tecnología actual, analógica, a una digital de alta definición es un cambio no despreciable. Pero si se limita a eso, sin alterar las redes de televisión (o más precisamente, la topología de esas redes), podríamos catalogarlo de epifenómeno: no alteraría la estructura de la industria. Supone mejor imagen y sonido para los consumidores, así como algunos servicios adicionales, pero no más que eso. Pero si la HDTV se transforma en IPTV, es decir, una televisión digital de alta definición, pero distribuida a través de Internet (lo de “IP” viene de Internet Protocol), entonces se habilita la posibilidad de un cambio estructural, profundo, en la industria de la televisión tal como la conocemos hoy. En la superficie, en principio tenemos lo mismo (mejor imagen y sonido, con servicios adicionales), pero por debajo un cambio que puede llevar a alterar desde la experiencia de ver televisión a nivel de los consumidores, hasta la distribución del poder en la industria . El cambio a la HDTV conserva la topología centralizada y jerárquica de las redes de televisión actuales (topología de árbol, en la terminología de la teoría de grafos), mientras que el cambio a la IPTV supone adoptar la topología no centralizada y sin jerarquías de Internet. La profundidad del cambio tiene que ver entonces con la topología, de aquí lo del título de este capítulo. En la superficie, HDTV e IPTV parecen la misma cosa. Pero una y otra suponen escenarios bien diferentes para la industria de las comunicaciones, y esa diferencia atañe al público en general, a las empresas que hacen televisión (y al resto de las empresas de la industria de las comunicaciones), a los profesionales de la comunicación, a los estudiosos de la cultura, y a quienes tienen el poder político (y esto solo para empezar). Como primer aproximación entonces, la palabra topología alude a la forma, la configuración, la estructura que tienen las redes en general, y en particular, las de comunicaciones, que son las que nos interesan. Dicho metafóricamente, la topología tiene que ver con el “esqueleto” de las redes. Adelantemos que la topología de una red influye de manera relevante sobre el comportamiento de todas las entidades que conforman la red. Intentemos ver entonces porqué las redes de comunicaciones y su topología son tan importantes.

 

La comunicación y sus “axiomas”: agregando uno

El llamado axioma número 1 del modelo de Watzlawick, Helmick-Beavin y Jackson dice: “No se puede no comunicar.”

Me propongo enmendarle la plana a estos autores, y postular como axioma número 2 (desplazando a los restantes que ellos proponen) el siguiente: “Solo se puede comunicar en una red.” Sin pretender precisar demasiado, una red es una entidad de dos o más elementos que se relacionan de alguna manera entre sí. Todo fenómeno de comunicación necesita de una red para expresarse. Sin redes no hay comunicación. Hasta aquí todo parece bastante obvio, y casi que podríamos adjudicarle a Perogrullo los enunciados que hemos formulado.

Pero demos el paso epistemológico que nos distanciará de Perogrullo: toda red (ya sea de comunicaciones o de cualquier otra cosa, como las redes tróficas en los ecosistemas, las redes de carreteras, las redes de terroristas, las redes de computadoras, las redes neuronales, etc.) se puede representar mediante un grafo. Y un grafo es una entidad matemática estudiada por la llamada teoría de grafos . Dicho sin mayores aspiraciones de rigor, un grafo es un conjunto de nodos, más un conjunto de aristas que representan relaciones entre esos nodos. Por ejemplo: nosotros, los seres humanos, en tanto que seres sociales, somos todos nodos de grafos. Cuando describimos una red de comunicaciones (o de otro tipo) mediante un grafo, hacemos abstracción de la naturaleza de sus nodos y de la naturaleza de las relaciones que los ligan, y nos quedamos con la topología de la red, con su “esqueleto matemático”. Y este ejercicio de abstracción nos permite elaborar modelos matemáticos de las redes, y simular su comportamiento en diferentes escenarios. Sin entrar en detalles, podemos afirmar que desde 1998 para acá se ha avanzado bastante en la comprensión de muchos fenómenos que involucran redes. El crecimiento vertiginoso de Internet operó como catalizador, estimulando la producción de desarrollos teóricos muy interesantes, en los que la descripción y explicación de los fenómenos se beneficia del rigor de la matemática. La llamada “teoría de redes” está dando sus primeros pasos, pero en forma vigorosa y acelerada.

Si las redes son algo central en los fenómenos de comunicación humana (y parecen serlo, si aceptamos el propuesto axioma número 2), parece que en el programa de estudios de nuestra Facultad esos desarrollos teóricos no deberían estar ausentes.

Desde el año 2004 he introducido estos temas en mi materia, con las dificultades a que hice mención en el inicio de esta nota, y que voy a intentar poner ahora en un contexto más amplio.

¿De qué pozo es este sapo?: el problema de las “dos culturas”

Aludí más arriba a mi experiencia, que ya cumplió dos años, con la incorporación de algunas nociones de teoría de grafos en el curso de “Tendencias Contemporáneas de la Comunicación”. Puedo conjeturar que en la cabeza de la abrumadora mayoría de los alumnos, cuando aparece en las clases la teoría de grafos, la primer reacción es hacerse la pregunta del título. Y la respuesta es casi inmediata: es un sapo de otro pozo, no del nuestro. Yo como profesor tengo la clara sensación de estar efectivamente presentando un sapo de otro pozo, y por extensión, sentirme como tal (lo que, debo decirlo, no me resulta demasiado cómodo). Me deja bastante perplejo observar como alumnos inteligentes y curiosos (que sin duda los hay) se cierran mentalmente ante el tema, tornando extremadamente difícil la tarea de enseñarles.

Creo apropiado para poner este problema en contexto, hacer referencia a un libro de C.P. Snow, titulado “The two cultures and the scientific revolution”. Este libro se originó a su vez en la conferencia “Rede” que el autor dictó en la Universidad de Cambridge en 1959 . Esta conferencia provocó en Inglaterra y en los EEUU una muy fuerte polémica, el libro tuvo una gran cantidad de ediciones, y aún hoy se sigue discutiendo sobre él. Básicamente Snow afirma (en lo que me interesa en relación a estas notas) que en la cultura occidental la actividad intelectual está dividida en dos campos separados, prácticamente irreconciliables: el de los intelectuales de formación literaria, y el de los científicos (campo en el que Snow ubica a los que se dedican a las ciencias naturales) . Y califica a esta separación como algo muy negativo para nuestra cultura, que entonces no sería una, sino dos.

Más allá de que la categorización de Snow debería ser por lo menos matizada (cosa que él mismo en alguna medida admite), tengo la sensación de que sigue siendo en esencia válida cuando miramos nuestro sistema educativo (del que nuestra Universidad forma parte). Tenemos dos “pozos” habitados por “sapos” que se dedican a prácticas bien distintas, y que se miran sin mayor simpatía:

• Las de las humanidades (o “ciencias humanas”, tal como se llama nuestra facultad).
• Las de las ciencias “duras”, cuya propiedad de “dureza” parecería conferírselas esa especie de enzima epistemológica que es la matemática (más algunas prácticas como la precisión conceptual, la observación empírica rigurosa, la recogida sistemática de datos, la medición, la experimentación, la contrastación cuidadosa de las hipótesis con la realidad, etc.).

Nuestros alumnos pertenecen al “pozo” de las humanidades, y perciben a la teoría de grafos como algo del otro “pozo”. De aquí el rechazo que ésta provoca.

 

La explicación de una ausencia

Hasta aquí he argumentado (al menos eso espero) que todo fenómeno de comunicación se produce en una red, que toda red tiene una topología, que ésta determina aspectos no despreciables del comportamiento de los componentes de la red, y que la topología de las redes solo puede ser estudiada de manera rigurosa recurriendo a la teoría de grafos. Esta nos permite, recurriendo a la metáfora ya utilizada, analizar el “esqueleto matemático” de las redes. Si las cosas son así, el estudio de la topología de las redes mediante la teoría de grafos no debería estar ausente del temario de las disciplinas teóricas que pretendan abordar los fenómenos de comunicación social .
Pero si hacemos un examen de las teorías de la comunicación social, leyendo lo que los autores más destacados han producido, nos encontramos con que las cosas no son así. Por ejemplo, si tomamos una muy buena y completa reseña de las teorías de la comunicación, como es el libro “La communication modélisée” , y recurrimos a su índice temático, podemos comprobar que “topología” y “grafos” son dos palabras que no aparecen. Lo mismo ocurre si tomamos una obra también abarcadora, pero más reciente (del año 2005): “Sentidos de la comunicación” .

Mi conjetura es que la explicación de esta ausencia tiene que ver con lo que señalamos más arriba, al hablar de ocaso de la comunicación de masas. Los medios masivos (sin duda uno de los objetos de estudio más importantes de las teorías de la comunicación social) no escapan a lo que denominamos axioma número 2 de la comunicación: funcionan en redes. Pero todas sus redes, sin excepción, tienen la misma topología: la que en teoría de grafos se denomina “árbol”. Los “árboles” son grafos muy estudiados y sumamente importantes en algunas disciplinas, como por ejemplo la informática. Pero lo que la teoría de grafos nos enseña sobre esta topología no nos aporta prácticamente nada relevante para entender mejor a los medios masivos de comunicación (de manera análoga, saber que un organigrama es un grafo con topología de árbol tampoco nos ayuda demasiado a entender mejor como funciona la organización formal de una empresa). La matemática nos ayuda poco en estos menesteres, así que no está mal dejarla afuera, y la ausencia a la que estamos haciendo referencia parece quedar, a mi juicio, explicada (al menos, desde el ángulo que he adoptado para redactar estas notas).

Pero en el mundo de las comunicaciones las cosas cambian con el avance de Internet (y fenómenos ligados, como la enorme difusión de la telefonía celular, la próxima digitalización de la televisión, etc.). Internet, y las redes que de alguna manera se apoyan en ella, ya no tienen una topología de árbol, donde es fácil identificar un nodo central y una jerarquía. El panorama se vuelve mucho más complicado desde el punto de vista topológico (y no solo de él), y es entonces que el auxilio de la matemática se vuelve imprescindible si queremos comprenderlo. Sin ella se incurre en errores, como por ejemplo afirmar que, debido a que Internet no tiene una entidad central que la gobierne, es “anárquica”, o “caótica”, no sujeta a reglas. Sin duda que Internet es diferente a los medios masivos. En particular, desde el punto de vista de la topología, no es un árbol como aquéllos, sino algo bastante más complejo, pero esto no quiere decir que no esté sujeta a reglas (o si se quiere, a leyes). Avanzar en su comprensión supone recorrer caminos diferentes a los seguidos en el caso de los medios masivos.

El trabajo pionero en este sentido es del año 1998, curiosamente motivado por un problema que en principio parece no tener nada que ver con los fenómenos de comunicación: el experimento de los “seis grados de separación” de S. Milgram. Los autores de dicho trabajo fueron D. Watts y S. Strogatz (un físico y un matemático - parece que los “sapos” de las ciencias duras nos invaden irremediablemente). Desarrollaron un modelo de redes denominado de “mundos pequeños”, cuya topología tiene propiedades que la ubican entre los grafos regulares y los aleatorios. Este paso inicial, de gran importancia para una mejor comprensión de las redes complejas, fue seguido por una gran cantidad de trabajos, que tienen como denominador común el estudio de la topología de redes, pero aplicada a los más diversos campos: las comunicaciones (en diferentes planos: desde la dinámica de Internet a la propagación de rumores en una sociedad, para mencionar algunos), la epidemiología, las redes tróficas en los sistemas ecológicos, el contraterrorismo, la neurología, los fenómenos metabólicos, el congestionamiento de los aeropuertos internacionales, el proselitismo político o religioso, etc . Podemos decir entonces que, frente a los nuevos fenómenos derivados de la difusión de Internet, la ausencia de los temas de topología de redes (y la teoría de grafos como instrumento para su análisis) en los estudios teóricos deja de estar justificada. Tenemos entonces que enfrentar el problema de incorporarlos apropiadamente a nuestro plan de estudios.

Terminando sin conclusiones

Estas notas comenzaron, como es bastante habitual, con un capítulo de “Introducción”. Pero no terminan, como también es habitual, con uno de “Conclusiones”. Más bien este final aspira a ser el comienzo de algo: un intercambio de ideas sobre el camino a seguir para incorporar el estudio de la topología de redes y la teoría de grafos a las “Teorías de la comunicación”.

Sospecho que la existencia de las “dos culturas” no hace fácil la solución del problema que esto supone.

Personalmente tengo dudas sobre el camino a recorrer. Tengo quizás una percepción más clara de los caminos a evitar, a saber:

• Ignorar el problema, o adjudicarle una importancia marginal, no merecedora de mayores esfuerzos.
• Mantener el tema totalmente aislado del conjunto de la carrera, encerrado dentro de las fronteras de “Tendencias contemporáneas de la comunicación”, y que su profesor se arregle como pueda.
• Endosarle el problema a las carencias que en materia de formación matemática tiene nuestra enseñanza secundaria, y en consecuencia declararnos incapacitados para hacer algo positivo.
• Intentar transformar a nuestros alumnos en conocedores profundos de la teoría de grafos. Es algo tan imposible como poco útil.

Tengo para mí que topología de redes y teoría de grafos son temas que se pueden incorporar de manera orgánica a las materias que se ocupan de las teorías de la comunicación. Y creo que este es un paso necesario para dotar a nuestros alumnos de mejores instrumentos para transitar en el mundo profesional que los espera.

Propongo entonces que dediquemos parte de nuestro esfuerzo como docentes a esta tarea, iniciando un intercambio de ideas sobre el problema tratado en estas notas. Si eso se considerara pertinente, quedo desde ya a disposición de quienes se puedan interesar para profundizar en lo tratado en estas notas, temas sobre los que, adelanto, tengo más preguntas que respuestas.

 

PROGRAMA DE ACTIVIDADES 2004 

Dos temas de actualidad concentrarán las actividades de la Cátedra este año: Nuevas Tecnologías de la información aplicadas al campo de la Educación y Comunicación, política y opinión pública. 

El tema de las nuevas tecnologías y la educación responde a nuestro propósito de generar reflexión y debate ante el creciente desarrollo de vínculos entre ambos campos de acumulación conceptual frente al que, como Universidad, nos sentimos involucrados. 

Por otro lado, por ser este un año muy particular para la política de nuestro país - año de elecciones presidenciales – nos interesa discutir de forma plural con actores vinculados a las tres áreas que dan título al encuentro: comunicadores, políticos y especialistas en opinión pública. 

No obstante, hemos previsto continuar con el desarrollo de actividades que se han convertido en tradición entre las propuestas de nuestra Cátedra.

La operativa de las actividades previstas tiene tipología múltiple:
- Conferencias
- Seminarios
- Mesas redondas
- Ateneos

Para desarrollar sus actividades la Cátedra contará con la participación de profesores y especialistas nacionales y extranjeros.

Realizará publicaciones con los contenidos de sus actividades

Apoyará eventos cuya finalidad sea la promoción de la educación, la ciencia y la cultura